Blog de César Salgado

Os papeis terman do que lles poñen, e internet nin che conto…

“Editores contra el sistema educativo” (Ángel Vázquez Hernández)

Copio un artigo do blog “El Caballero de la Triste Figura”, escrito por Ángel Vázquez Hernández, profesor de Educación Secundaria en Estremadura e activista político. Coincido bastante coa súa postura. Se alguén debe ter direitos sobre unha “obra”, sempre será antes o “autor” que o editor, e por riba de calquera ánimo de lucro está o direito do pobo a que lle devolvan o que antes emprestou. ¿Que o “autor” devolve máis do que colleu? Non me opoño a que sexa xustamente retribuído. Pero que non nos confundan: a retribución é polos intereses. Se o pobo non socializase antes o seu capital cultural, calquera “obra” morrería antes de nacer; calquera “autor” debe sempre máis que o que se lle debe a el. Como dicían os vellos, ex nihilo nihil, ou nemo solus satis sapit ou vanitas vanitatum, et omnia vanitas

“Editores contra el sistema educativo”

Cada vez está mas claro que el sistema educativo es un mercado que todos desean explotar, y ante la actual crisis del modelo cultural vigente (cultura privatizada versus cultura libre) el mundo educativo sufre cada vez mas interferencias por intereses comerciales.

El amable lector quizá se pregunte a que viene que esta mañana me deje caer con semejante comentario, así que le pondré al día: el señor Antonio María Ávila, director de la Federación del Gremio de Editores de España, acusa a las administraciones públicas (principalmente a los centros dependientes del Ministerio de Educación) de ser “los máximos piratas” por no respetar la propiedad intelectual.

Las anteriores declaraciones tuvieron lugar en un acto público celebrado en la Feria del Libro de Madrid (en la que los libros electrónicos están prohibidos mientras se dedican dos jornadas a charlar sobre ellos), y en el que Victoriano Colodrón (director técnico de CEDRO) criticó la “expectativa de gratuidad” generada por la digitalización de la información “que no se tiene de otros bienes que dan soporte a esa tecnología: ordenadores, proveedor de Internet, red eléctrica o programa informático”.

¿Hasta qué punto puede darse la razón a los señores Ávila y Colodrón? Yo diría que hasta ningún punto: los centros educativos están en la base del ecosistema cultural que da de comer al sector editorial, y no se merece las críticas recibidas.

Me explicaré: una de las principales funciones del sistema educativo es la transmisión a las nuevas generaciones de una cultura básica (en ciencias, literatura, arte, música, filosofía y demás campos del conocimiento humano) que ha sido desarrollada en su mayor parte a lo largo de siglos (e incluso milenios) de historia humana. Dicha cultura básica no pertenece a nadie en particular: es patrimonio universal y su divulgación no puede ser considerada en modo alguno una violación de derechos de autor.

Cada nuevo curso escolar representa una oportunidad de negocio a las editoriales dedicadas al libro de texto que, a pesar de todos los cambios sufridos en los últimos años (fragmentación del mercado en distintas comunidades autónomas, frecuentes cambios en las leyes educativas) sigue dando abundantes beneficios directos a las editoriales. La presión realizada sobre las copisterías ha reducido a lo anecdótico el número de ejemplares fotocopiados, por lo que tampoco procede hablar aquí de piratería como si fuera un problema digno de tener en cuenta.

Solo ocasionalmente los profesores realizamos fotocopias de algún fragmento de una obra protegida por copyright. Suelen ser tablas, gráficos, mapas, textos y otros elementos que, no estando presentes en el libro de texto exigido al alumnado (y por el cual cada familia ha realizado un cuantioso desembolso al principio del curso) resultan imprescindibles para el adecuado desarrollo del proceso de enseñanza y aprendizaje. Está práctica está reconocida en el artículo 32 de la actual Ley de Propiedad Intelectual:

2. No necesitará autorización del autor el profesorado de la educación reglada para realizar actos de reproducción, distribución y comunicación pública de pequeños fragmentos de obras o de obras aisladas de carácter plástico o fotográfico figurativo, excluidos los libros de texto y los manuales universitarios, cuando tales actos se hagan únicamente para la ilustración de sus actividades educativas en las aulas, en la medida justificada por la finalidad no comercial perseguida, siempre que se trate de obras ya divulgadas y, salvo en los casos en que resulte imposible, se incluyan el nombre del autor y la fuente. No se entenderán comprendidas en el párrafo anterior la reproducción, distribución y comunicación pública de compilaciones o agrupaciones de fragmentos de obras o de obras aisladas de carácter plástico o fotográfico figurativo.

¿Se ajusta estrictamente la actuación de cada docente en toda ocasión a lo redactado en dicho artículo? Probablemente no en todos los detalles… pero considerar piratería el hecho de repartir al alumnado una fotocopia con las principales valencias de los elementos químicos me parece algo excesivo.

Ciertamente existe una solución sencilla para evitar estas escasas fotocopias (por las que cada centro educativo paga una cantidad a CEDRO en cumplimiento del artículo 25 de la misma Ley de Propiedad Intelectual) , y es la redacción de apuntes por parte del profesorado, su fotocopiado (pagando a CEDRO, por supuesto, en cumplimiento del artículo 25 de la misma Ley de Propiedad Intelectual) o copiando en CD (pagando a SGAE y otras entidades similares, por supuesto, en cumplimiento del artículo 25 de la misma Ley de Propiedad Intelectual) y repartiendo dichas copias al alumnado.

Aunque, bien mirado, también habría una posibilidad de evitar tener que pagar canon a las entidades gestoras de derechos de autor por los apuntes y otros materiales elaborados por los profesores, y es que las administraciones educativas se encarguen de la publicación y distribución de dichos materiales. Desgraciadamente esta solución tampoco parece ser del agrado de algunos editores, que llegan a calificarla como intrusismo.

Con respecto a las palabras del señor Colodrón, quien decía aquello de la expectativa de gratuidad “que no se tiene de otros bienes que dan soporte a esa tecnología: ordenadores, proveedor de Internet, red eléctrica o programa informático”, he de decir que se equivoca al menos en parte, ya que por lo menos la conexión a Internet desde del aula ya la tienen mis alumnos (con cargo a los presupuestos de la Junta de Extremadura) y lo de los ordenadores… bueno, yo no me lo creo, pero lo cierto es que el proyecto Escuela 2.0 va en esa línea, por supuesto no les cobramos un plus en la matrícula por consumo eléctrico, y utilizamos software libre.

En cualquier caso, ¿qué sentido podría tener que el sector editorial atacase ahora al sistema educativo? Es muy posible que esté relacionado con el hecho de que, mientras todo el país habla de los aviones de Zapatero o de los trajes de Camps (sin duda temas de gran importancia para el futuro de este país) se está preparando una reforma de la tan citada Ley de Propiedad Intelectual y, claro, en la tierra de el que no llora no mama algunos incluso contratan coros de plañideras.

Antes de que la tontería se plasme en el BOE y tenga difícil arreglo quisiera dejar algunas cosas bien claras:

  • Los editores solo tienen su razón de ser como agentes de la copia y distribución a nivel industrial de obras creadas por los autores. Los que crean conocimiento son los creadores de ideas, no los vendedores de ideas. Los autores ya existían antes que los editores, y seguirán existiendo independientemente de que los editores desaparezcan o se adapten a los nuevos tiempos.
  • Los derechos de autor son, por su propia naturaleza, de los autores, no de los editores. Corresponde a los autores, y no a los editores, por lo tanto, la defensa de esos mismos derechos.
  • Todo profesor es, en mayor o menor medida, un creador. Sin embargo la mayoría de los profesores no se sienten representados, ni han obtenido beneficio material alguno de entidades como la Federación del Gremio de Editores de España o como CEDRO. Las escuelas y universidades aparecieron antes que los editores, y seguirán existiendo independientemente de que los editores desaparezcan o no.
  • Un sistema educativo fuerte genera una sociedad culta, imprescindible para el sostenimiento del sector editorial. Todo ataque al trabajo de los educadores es un ataque a la viabilidad del sector editorial y, en general, a las bases de la sociedad (y que conste que no me gusta hablar de patriotismo).

Lo último que necesitamos los profesores es que la industria cultural nos insulte y culpe de su incapacidad para evolucionar. Luego se nos vendrá a pedir que colaboremos en sus campañas en escuelas e institutos. No se sorprendan si no les recibimos con las puertas abiertas.

5 Xuño 2009 - Posted by | "Intellectual property", Education, Human Rights, Politics, Software, Spain

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