Blog de César Salgado

Os papeis terman do que lles poñen, e internet nin che conto…

Manuel Castells: “Democracia en Finlandia” (artigo de hai seis anos)

Este artigo deu xa moitas voltas por internet, pero a min prestoume lelo e por iso o copio. Los Verdes de Andalucía tomárono hai seis anos do xornal barcelonés La Vanguardia. E eu sigo o enlace que encontrei no magnífico blog Ribadeando, escrito por Antonio Gregorio Montes. Os enlaces e a énfase púxenos eu.

Manuel Castells: “Democracia en Finlandia”

En casi todo el mundo la democracia está en profunda crisis. Los datos que lo demuestran se acumulan. Según fuentes contrastadas internacionalmente, en el periodo reciente, entre el 2000 y el 2002, más de dos terceras partes de ciudadanos en el mundo (y casi un 60% en España) piensan que no están gobernados por la voluntad del pueblo, sino por los intereses de una minoría que sólo mira para sí misma. Un 73% de los ciudadanos de la Unión Europea, un 67% de los españoles y un 74% de los catalanes no tienen confianza en los partidos políticos. En el conjunto del mundo, sólo un 38% de los ciudadanos tiene confianza en el parlamento, en contraste con un 59% que confía en las ONG, un 69% en las fuerzas armadas y un 55% en las Naciones Unidas. Cuando se pide a los ciudadanos que asocien un calificativo a su gobierno, los dos más frecuentes, con gran diferencia, son “corrupto” y “burocrático”, cuatro veces más que “eficiente” y “democrático”.

En Catalunya, sólo un 36% de la gente piensa que los ciudadanos tienen influencia en lo que decide el gobierno y un 76% piensa que “los políticos se critican mucho pero en realidad todos son iguales”. Las causas de esa crisis, que se agrava de año en año, con consecuencias devastadoras sobre la convivencia, son profundas. Pero también están en la superficie. Basta recorrer la actualidad de los últimos meses en Europa, supuesta isla democrática, para darse cuenta. El espectáculo denigrante de Berlusconi en el Parlamento Europeo; el vergonzoso nivel del reciente debate de la nación en las Cortes españolas, en que el insulto y el menosprecio sustituyeron al argumento; las tramas inmobiliarias-políticas que han socavado la legitimidad de las urnas en la Asamblea de Madrid; la ley del Senado italiano garantizando la inmunidad a Berlusconi (después de procedimientos semejantes tanto en Italia como en el Parlamento Europeo); el proyecto de ley en Francia para garantizar la inmunidad de Chirac; las mentiras patentes de Blair y sus asesores sobre la guerra de Iraq, sin atisbo de autocrítica o propósito de enmienda; el control gubernamental de la televisión por cualquier medio en Rusia, en Italia, en España, por citar los casos más patentes; los escándalos de políticos, con sospechas de suicidio en algún caso, que se suceden en la clase política alemana; y allende los mares, la democracia estadounidense sigue dando ejemplo, escondiendo bajo la alfombra los casos de corrupción financiera, con cobertura política, como Enron y otros, al tiempo que se sigue mintiendo, contra toda evidencia, sobre las razones de la guerra de Iraq. Así las cosas, lo sorprendente es que los ciudadanos sigan votando. Aunque, en realidad, votan en contra más que a favor, por aquello del mal menor.

En ese contexto, tienen más valor que nunca las excepciones, las referencias de sociedades, como las democracias escandinavas, en que la gente aún cree en la democracia y confía en sus políticos. Entre ellas, Finlandia, ese pequeño país de poco más de cinco millones de habitantes, casi desconocido hasta que la gente descubrió que Nokia es una empresa finlandesa y que, según todos los indicadores, es la sociedad de la información más avanzada del mundo. Y un país que, en el índice de Transparencia Internacional, la ONG que sigue estos temas, ocupa desde hace tiempo el primer lugar como el menos corrupto del mundo. Finlandia es una democracia parlamentaria, tranquila y eficaz. Y en el último mes se produjo un hecho que contrasta fuertemente con lo que vivimos en casi todo el mundo.

En las elecciones de este año, el partido de centro obtuvo una ligera mayoría sobre los socialdemocrátas que estaban en el gobierno. Tan ligera que han formado un gobierno de coalición con primer ministro centrista. La líder centrista que ganó las elecciones, una prestigiosa jurista, la señora Jäätteenmäki, debió su elección a su postura critica acerca de la guerra de Iraq y a sus reproches al primer ministro socialdemócrata, Lipponen, por su timidez con respecto a Bush. En realidad, las posturas públicas de Lipponen siempre fueron de aceptar la invasión de Iraq únicamente en el caso de que fuera bajo la decisión y el control de la Naciones Unidas. Pero alguien filtró un documento de una conversación entre Lipponen y Bush en Washington en el que Lipponen parecía apoyar la posición de Bush. Esa información fue decisiva para el resultado de la elección, que obligó a dimitir a Lipponen. Una vez entronizada la nueva primera ministra, el mes pasado se reveló el origen de la filtración, que partió de un asesor de la presidenta de Finlandia (socialdemócrata), naturalmente sin conocimiento de la presidenta. Aun antes de que se pudiera discutir el nivel de implicación de la primera ministra en la utilización de ese documento interno del gobierno, el mismo día que se publicó la noticia, la señora Jäätteenmäki dimitió para no provocar una crisis de confianza, aceptando la responsabilidad política de una operación poco transparente. El Parlamento mantuvo el gobierno de coalición y nombró un nuevo primer ministro de forma inmediata. La crisis duró unas horas. No hubo que debatir, apelar a jueces, insultar al oponente, denostar al otro partido. Se arregló entre ciudadanos, con opiniones distintas, pero con una cultura cívica común.

¿Qué tienen ellos que no tengamos nosotros? No es la riqueza, pues Finlandia fue uno de los países más pobres de Europa, como España, hasta hace cuatro décadas. Y no su moderación congénita, pues en 1918 hubo una guerra civil atroz entre rojos y blancos (que ganaron), en la que en dos meses murió un 1,5% de la población, con campos de concentración incluidos. Por lo que he podido estudiar, las bases de la convivencia democrática son una fuerte identidad nacional (tras siglos de dominación extranjera), una gran cohesión social (fundada en un Estado de bienestar desarrollado) y un espíritu de supervivencia colectiva basado en la memoria histórica de que la competencia salvaje es a fin de cuentas destructiva para todos. Mientras nuestras democracias se van hundiendo en su propia ciénaga podríamos avistar algunos islotes de salvación de la decencia. Y tal vez mirar al norte, donde siempre nos contaron que sólo vivían bárbaros.

Para contextualizar ese comentario (quizá excesivo pero non totalmente equivocado) sobre “las tramas inmobiliarias-políticas que han socavado la legitimidad de las urnas en la Asamblea de Madrid” pódese buscar en internet “Tamayo y Sáez”. Deixo enlace con algúns artigos da Wikipedia en español:

25 Xullo 2009 - Posted by | Finland, Galicia, Politics, Spain

Aínda non hai comentarios.

Deixar unha resposta

introduce os teu datos ou preme nunha das iconas:

Logotipo de WordPress.com

Estás a comentar desde a túa conta de WordPress.com. Sair / Cambiar )

Twitter picture

Estás a comentar desde a túa conta de Twitter. Sair / Cambiar )

Facebook photo

Estás a comentar desde a túa conta de Facebook. Sair / Cambiar )

Google+ photo

Estás a comentar desde a túa conta de Google+. Sair / Cambiar )

Conectando a %s