Blog de César Salgado

Os papeis terman do que lles poñen, e internet nin che conto…

O xuízo a Javier Krahe e a “iranización” de España

Estraño concepto de xustiza o desta España. Por unha película do 1978, que non convida a violencia nin odio, e so pretende ser satírica, levan aos tribunais a Javier Krahe. Pero os asasinatos, desaparicións, espolios e represalias da guerra incivil e do franquismo, non os toca ninguén. Para mostra, o caso do xuíz Baltasar Garzón… :-(

El juez pide a Krahe 192.000 euros por ‘cocinar un Cristo’ (noticia do diario vasco El Correo, 21 – V – 2010)

El cantautor se enfrenta a la demanda de una asociación católica ofendida por un cortometraje suyo rodado en 1978.

«Yo que siento por Jesús repelús», canta Javier Krahe en una de sus canciones de rima incontestable y chispa coloquial, vuelo lírico de caída libre y guiño cultista en vena. En el remoto 1978, su anticlericalismo adoptó la forma de un cortometraje dirigido al alimón con Enrique Seseña. ‘Cómo cocinar un Cristo’ era una receta blasfema y zumbona. «Calcúlese un Cristo, ya macilento, para cada dos personas», aconseja el narrador. «Se desencostra con agua fría y los estigmas pueden echarse con tocino». Tras untar el crucifijo con mantequilla, «se deja en el horno tres días, al cabo de los cuales sale completamente solo».

En 2004, el ya desaparecido programa ‘Lo + Plus’ emitió unas imágenes del corto mientras entrevistaba al cantautor. La plataforma Hazte Oír promovió una denuncia por escarnio de las creencias religiosas, que finalmente interpuso el Centro Jurídico Tomás Moro. Según se puede leer en su página web, esta asociación tiene como fines «la defensa de la dignidad de la persona, de la familia y de los derechos humanos y, en especial, la protección del derecho a la vida del nasciturus y del embrión humano».

Seis años después, un juzgado de Colmenar Viejo ha acordado la apertura de un juicio oral contra Krahe y la productora del programa por un delito contra los sentimientos religiosos, tipificado en el artículo 525 del Código Penal. El auto especifica el pago de una fianza: 192.000 euros en el caso del músico y 144.000 para Montserrat Fernández Villa. El Centro Tomás Moro, que recurrió hace tres años el sobreseimiento de la causa, muestra su satisfacción por lo que considera «un triunfo en defensa de la libertad religiosa». Y resalta que es la primera vez que se aplica en España el artículo 525 del Código Penal.

La pena máxima

El ex miembro de La Mandrágora se mostraba ayer perplejo y recordaba que el juicio todavía no tiene fecha. «Esas cifras de las que hablan son multas que me piden, pero primero me tienen que condenar, cosa que mi abogado cree improbable». Su cortometraje se concibió «antes de que existiera la Constitución». No pasó la censura, aunque mantiene intacta su carga antirreligiosa, a tenor de la repercusión ocasionada por su pase en televisión hace seis años. «No sabe lo que me han llegado a decir. Argumentan que se han ofendido, pero ellos me ofenden todos los días». Krahe resalta que él no ha difundido el vídeo. «Han pedido la pena máxima. Para los que entienden la religión así, se ve que su Dios necesita dinero».

“España se iraniza: quieren condenar a Javier Krahe por cocinar un Cristo” (artigo de Luis Alfonso Gámez, publicado no blog Magonia, 21 – V – 2010)

España está desde ayer más cerca de Irán y Arabia Saudí que de la Europa de la Ilustración. La apertura de juicio oral contra Javier Krahe “por un delito continuado contra los sentimientos religiosos”, por un cortometraje rodado en 1978 en el que se enseña “cómo cocinar un Cristo”, sitúa a nuestro país en compañía de los que tienen y aplican leyes antiblasfemia. En nuestro caso, la anacrónica norma se encuentra escondida en el artículo 525.1 del Código Penal, que dice que “incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican”.

El objeto de la denuncia, promovida por la plataforma integrista HazteOír y presentada por el Centro de Estudios Jurídicos Tomás Moro -cuyo lema es Cristianizando el derecho, cristianizando la sociedad-, es un fragmento del corto sobre cómo cocinar un Cristo: se explica que tiene que estar “ya macilento”, que “los estigmas pueden mecharse con tocino”, que hay que desencostrarlo con agua tibia, secarlo bien, ponerlo en una fuente sobre un lecho de cebollas, untarlo “con abundante mantequilla” y tenerlo en el horno durante tres días, tras los cuales “sale completamente solo”. La receta fue emitida en 2004 en el programa Lo + Plus durante una entrevista al cantautor.

La magistrada Alicia Barba de la Torre, titular del Juzgado de Instrucción nº 3 de Colmenar Viejo (Madrid), ha impuesto por ello una fianza de 192 000 euros al artista y de 144 000 a la productora del programa, Montserrat Fernández. Aunque al final no haya condena, la simple apertura de vista oral debe ser un aldabonazo para los librepensadores españoles, que tendrían que exigir la inmediata supresión de esa norma antiblasfemia impropia de una sociedad democrática.

Blasfemia es, según el Diccionario de la RAE, la “palabra injuriosa contra Dios, la Virgen o los santos”. Se trata de una definición limitada a la religión católica y, por tanto, incorrecta porque cada credo considera blasfemas las injurias contra sus adorados, pero no contra los del resto. Lo que hace el artículo 525.1 del Código Penal español proteger a la religión de la crítica, otorgarle inmunidad. ¿Por qué? No hay ninguna razón más allá de la tradición nacionalcatólica, tan digna de respeto y mantenimiento como la islámica que somete a la mujer al hombre y condena la homosexualidad. No es casualidad que la demanda contra Javier Krahe haya encontrado sus abanderados en el sector más cavernario de la sociedad española.

La crítica religiosa es un derecho

Poner en solfa creencias, sean éstas cuales sean, es una conquista de la Ilustración que hemos de reivindicar más que nunca ante despropósitos como el cometido contra Krahe. Y blasfemar es un derecho, no un delito. “Sólo hay una excepción razonable a la protección ilimitada del discurso: cuando alguien incita directamente a los crímenes de odio. Pero en este punto las religiones tienen un historial realmente malo”, recordaba en septiembre el filósofo Massimo Pigliucci. La Asociación Mundial de Periódicos (WAN) dictaminaba, por su parte, respecto a la resolución 62/154 de la ONU contra la difamación religiosa, que “la religión es un tema sujeto legítimamente a la crítica, la sátira y el debate. El concepto de difamación de la religión puede reprimir gravemente el debate. Nos preocupa seriamente que esta resolución pueda ser invocada por Gobiernos autoritarios para suprimir la libertad de expresión”.

“El concepto de difamación de religiones es incompatible con los estándares internacionales relativos a la difamación, los cuales se refieren a la protección de la reputación de las personas individuales y no de las religiones que, como cualquier otra creencia, no tienen un derecho a la reputación”, destacan en una declaración conjunta el relator especial de la ONU para la Libertad de Opinión y Expresión, el representante de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa para la Libertad de los Medios de Comunicación, la relatora especial de la Organización de Estados Americanos para la Libertad de Expresión y la relatora especial de la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos para la Libertad de Expresión y el Acceso a la Información. Para estos vigías de la libertad de expresión, las restricciones a ésta “deben limitarse a la protección de intereses sociales y derechos individuales imperativos, y no deben usarse nunca para proteger instituciones particulares ni nociones, conceptos o creencias abstractas, incluidas las de índole religioso”.

Nuestros legisladores deberían tomar nota y cambiar inmediatamente el artículo 525.1 de Código Penal porque la ley no está para proteger ideas, sean religiosas o no, ni divinidades, sino a las personas. Y España no es una teocracia, por mucho que a algunos les pese. Así que yo seguiré viendo y disfrutando de La vida de Brian cada Viernes Santo.

22 Maio 2010 - Posted by | Human Rights, Politics, Spain, Visual arts

Aínda non hai comentarios.

Deixar unha resposta

introduce os teu datos ou preme nunha das iconas:

Logotipo de WordPress.com

Estás a comentar desde a túa conta de WordPress.com. Sair / Cambiar )

Twitter picture

Estás a comentar desde a túa conta de Twitter. Sair / Cambiar )

Facebook photo

Estás a comentar desde a túa conta de Facebook. Sair / Cambiar )

Google+ photo

Estás a comentar desde a túa conta de Google+. Sair / Cambiar )

Conectando a %s