Blog de César Salgado

Os papeis terman do que lles poñen, e internet nin che conto…

España: editores de “libros de texto” din que as administracións son promotoras e cómplices da “piratería”

España: editores de “libros de texto” din que as administracións educativas son promotoras e cómplices da “piratería”. Copio dous artigos que reaccionan contra esa propaganda falaz: o primeiro escribiuno un profesor da Universitat Jaume I, Jordi Adell Segura (seguide o enlace do título para ler os numerosos comentarios); o segundo publicárono no blog do Partido Pirata español…

“Carta a los editores de libros de texto” (blog de Jordi Adell, 6 – VI – 2010)

Estimados amigos,

No nos conocemos personalmente, pero sigo con atención sus ruedas de prensa y leo sus estudios en su web. En algunas jornadas, etcétera, he coincidido con algún trabajador de sus empresas y hemos intercambiado opiniones sobre el futuro de los libros de texto en una escuela en la que todos y cada uno de los estudiantes disponen de un ordenador portátil y conexión a Internet… allí y en su casa (un futuro bastante probable y cercano). En esas ocasiones no me he privado de expresarles mi opinión de que ustedes, ahora mismo, tienen dos graves problemas. El primero es que no tienen ni idea de qué pueda ser un “libro de texto digital”. No se preocupen demasiado por esto: ni ustedes ni nadie. El “libro de texto digital” no existe y posiblemente no existirá jamás. Luego se lo explico. Pero es evidente a la luz de lo que han hecho hasta la fecha. No hay más que ver sus “demos”: han “digitalizado” sus libros de toda la vida (y les han añadido cuatro animaciones en “flash”, tres clips de vídeo y cinco ejercicios autocorrectivos para ver si el niño se acuerda de la definición de sintagma nominal).

El segundo problema es que, como no tienen “producto”, tampoco tienen ni idea de cómo venderlo. Bueno, no tienen ni idea de cómo venderlo sin perder dejar de ganar una enorme cantidad de dinero. En el año 2008, me permito recordarles, recaudaron casi 900 millones de euros de los ciudadanos de este país. Lo he leído en una de sus notas de prensa, concretamente la titulada Los editores ponen en marcha una plataforma de contenidos digitales de enseñanza (en el último párrafo). El problema, parece ser, es que la Administración educativa no está dispuesta a seguir pagando sus libros de texto en papel porque se ha gastado una pasta en ordenadores para los niños y las escuelas. Los quiere en formato digital para sus flamantes portátiles y, ¡horror! no está dispuesta a pagar los precios actuales. Creo que la cosa está ahora mismo por unos treinta euros por todos los libros de un alumno (creo que esto es lo que la administración educativa catalana baraja ahora mismo y si no es así, algún amable lector me corregirá).

El objetivo de esta nota, sin embargo, no era informarnos de sus ingresos anuales, sino de su proyecto NEDA, una plataforma que… pero mejor dejar que ustedes lo expliquen:

NEDA está concebida como una herramienta multiuso que albergará un catálogo de contenidos educativos, contenidos educativos interactivos, biblioteca digital y otros materiales de enseñanza complementarios al libro de texto que permitirá a profesores, alumnos y padres mejorar o completar los materiales curriculares con actividades de refuerzo.

He resaltado una palabra en su texto para facilitar la comprensión, espero que no les importe. NEDA es una plataforma para vender materiales complementarios al libro de texto, digital o en papel. Queda claro.

Pero el motivo que me haya decidido a escribirles esta carta es otro. Hace un par de días la prensa publicó la crónica de su última rueda de prensa. El titular de la nota que difundió Europa Press es, lo reconocerán, un tanto “fuerte”:

Editores acusan a los poderes públicos de “cómplices de piratería” al fomentar la gratuidad de los contenidos educativos

En la noticia de Europa Press decía:

Los editores han acusado este martes a los poderes públicos de “cómplices de la piratería” porque “al fomentar la gratuidad de los contenidos educativos se anima a las nuevas generaciones a cuestionar la legitimidad de remunerar la creación”…

¿Podrían explicarme cómo fomentando la gratuidad se “anima a cuestionar” la legitimidad de remunerar la creación? Y, de paso, si “creación” es lo que ustedes creen que hacen con los libros de texto. No lo tengo muy claro. Quizá deberían haber dicho “remunerar la edición, reproducción y distribución en papel de los libros” que es, creo, a lo que se dedican.

Y sigue más abajo:

En declaraciones a Europa Press, Ávila [Antonio María Ávila, director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE)] ha criticado que las administraciones públicas “gasten el dinero destinado a educación en ordenadores y pretendan que los contenidos se les regalen” y advirtió de que “la máquina sola no da inteligencia” y, por lo tanto, recomendó que “no se primen las herramientas en detrimento de los contenidos educativos”. Además, ha señalado que el cambio tecnológico no puede ser utilizado por las administraciones para convertirse en “malas editoras” de libros de texto. […]

Por último, el coordinador del informe [presentado en dicho acto y titulado La situación de los contenidos digitales educativos en los países de la OCDE: perspectiva española], realizado por la Unidad de Psicología del Consumidor y Usuario de la Universidad de Santiago de Compostela, Eduardo Picón, ha apostillado que “no existe a día de hoy ni un marco teórico sólido ni evidencia empírica suficiente de que las TICs mejoren de forma generalizada los procesos de enseñanza y aprendizaje ya que el verdadero valor añadido de estas nuevas tecnologías lo proporcionan los contenidos”.

Permítanme que muestre mi sorpresa: ¿están mordiendo la mano que les da de comer? Es una mala idea. Quizá estén presionando para que la administración continúe gastando esa cantidad obscena, e innecesaria en la era digital, de dinero de nuestros impuestos en sus libros de texto en papel. Pero antes, deberían decidir a qué juegan: libros de texto digitales o en papel. Si es lo segundo, no creen portales para vender actividades de refuerzo (digitales, por supuesto) y dediquense a afirmar que la Internet es mala y que mejor que no se use en educación (habría gente dispuesta a creerles). Si, por el contrario, el formato digital no es tan nefando, pues ya pueden pensar un plan de reestructuración del sector pues pasar de 200 euros año/alumno a 30 supondrá una rebaja notable en sus cuentas de resultados, aunque también se rebajarán sus gastos en papel y distribución. Quizá no necesiten a gran parte de su plantilla, al cambiar de papel a digital… o quizá sí. Igual tiene que seguir enviando a los Reyes Magos a las escuelas.

Y no pienso decir nada de las opiniones del señor Picón, coordinador del informe que la Unidad de Psicología del Consumidor y Usuario de la Universidad de Santiago de Compostela les ha hecho. No conozco sus publicaciones sobre didáctica y nuevas tecnologías y no quiero pronunciarme al respecto. Pero yo, de ustedes, me mosquearía de que los informes que encargan les digan solo lo que ustedes quieren oír (o quieran hacer oír a la opinión pública, entonces sería otro tema). No sé qué entiende por “suficiente”, ni si las evidencias a las que se refiere son proyectos de dotación de TIC y no hacer nada más esperando sentados a que los niños aprendan solos. Con lo cual le podrían haber encargado el estudio directamente a Perogrullo.

El error, su error, es creer en las propiedades mágico-didácticas de los “contenidos”. Señores, los contenidos, sin docente, se llaman libros y bibliotecas, hace años que tenemos y, que yo me haya enterado, no han acabado con las escuelas, ni las universidades. Los maestros y maestras educan, sus libros son, o eran en su tiempo, una ayuda. Igual que la Internet ahora. Desgraciadamente para ustedes en Internet hay recursos mucho mejores que sus unidades didácticas, “contenidos” que los maestros usan en sus actividades didácticas. Pero en Internet hay más cosas: hay, por ejemplo, herramientas fantásticas para enseñar y aprender (¿han visto alguna vez Google Maps?), y hay otros docentes y alumnos de todo el mundo, con los que aprender juntos… y eso, sus libros actuales y futuros no lo van a tener. Lo suyo son “los contenidos”. Como la Wikipedia, vamos. Y las actividades didácticas que proponen, que se resuelven… estudiando los contenidos. No muy innovador ni de mucha calidad didáctica, si me permiten.

En fin, creo que el mundo va en una dirección y ustedes están anclados en el pasado. Les ha ido bien, y les va bien ahora mismo, pero pónganse las pilas. Porque, si tengo a la misma distancia, un clic de ratón, una exposición del Museo Británico sobre Egipto, quizá su unidad didáctica sobre el arte egipcio me parezca un poco “cutre” y encima trabajo con la de Inglés. Si tengo las programaciones de otros docentes, quizá la suya me sepa a poco para hacer la mía propia, y si puedo trabajar junto a otras cinco escuelas estudiando un tema “sobre el terreno”, con datos actualizados en tiempo real, y los estudiantes pueden publicar sus resultados en la red, quizá sus actividades sugeridas me sepan a cartón, si en sus libros digitales, cada vez que profundizan en algo, me remiten a vídeos o páginas de la Internet, quizá piense que todo lo que necesito ya está en Internet y que gastarse mis impuestos en algo que se puede conseguir gratis, pues no está claro. El día que los docentes se den cuenta de que esos cañones y pizarras digitales se pagan con sus impuestos… En fin.

Por otra parte, tienen razón en un tema. La administración juega a dos barajas (o su mano izquierda hace una cosa y la derecha otra) y no debería ser la autora de los materiales de enseñanza. Lo mejor que podría hacer es subvencionar a los grupos de docentes más didácticamente innovadores para que los hicieran y los compartieran gratuitamente por la red. De hecho dichos grupos ya lo están haciendo sin que les ayuden demasiado desde arriba. Dicen que “el conocimiento quiere ser libre”. Quizá sea cierto. Lo que sí es cierto es que la red ha cambiado las reglas del juego. Y ustedes se han dado cuanta tarde: no tenían preparada ninguna estrategia para los nuevos tiempos.

Permítanme una reflexión final. Eso que están “buscando”, el libro de texto digital, no lo encuentran porque no existe. Y no existe porque quizá no tenga sentido en estos tiempos que vivimos. En la época en la que el acceso a la información era costoso y difícil, un libro de texto tenía mucho sentido: todo lo que merece ser sabido en el curso en un solo sitio, ordenadito y semidigerido. Gran ayuda para los docentes. Eso, hoy, en la era Internet, es sencillamente impensable. Pretender que paguemos esas cantidades por ello, más todavía. La administración y los ciudadanos no tragaremos si no nos ofrecen algo más. Quizá deban “repensarse” como empresas de servicios y dejar de verse como empresas que elaboran industrialmente un producto material, caro, idéntico, inflexible y, en demasiadas ocasiones, malo, para todos los estudiantes. Ya deben haber notado que pasar los libros actuales al formato digital no funciona: las posibilidades del soporte dejan en evidencia sus PDFs encerrados en lectores Flash. Es más, no pongan demasiadas esperanzas en plataformas neutrales, objetos de aprendizaje estandarizados y desagregación de contenidos, ni en ofrecer sus libros dentro de una plataforma, es la idea misma de limitar el uso educativo de la red a un conjunto de contenidos, estáticos e iguales para todos, que se pueden conseguir gratis en cualquier parte, la que no tiene sentido. Agreguen valor y hablaremos.

Paul Graham, en Post-Medium Publishing, estableció el criterio de manera muy clara:

“Cuando vea una iniciativa que utiliza las nuevas tecnologías para dar a la gente algo que quiere y que no había tenido antes, probablemente esté viendo un vencedor. Y cuando vea algo que es una mera reacción a la nuevas tecnologías, en un intento de preservar una fuente existente de beneficios, probablemente esté viendo a un perdedor”.

El problema es que los docentes que quieren libros de texto digitales son precisamente los menos innovadores y los menos comprometidos con el aprendizaje de sus alumnos (esto levantará algunas ampollas, pero alguien tiene que decirlo). Eso los padres lo descubrirán pronto, si no lo han descubierto ya. Del mismo modo que los centros que se niegan a usar los portátiles deberán dar explicaciones a las Asociaciones de Padres. Y las escuelas que se aferren a los libros de texto teniendo toda la Internet a su disposición, posiblemente tengan pronto mala fama.

Perdónenme por el tono indignado de esta carta, pero han llamado públicamente “cómplices de piratería” a mis representantes políticos y, aunque no me gusta gran parte de lo que hacen, siguen siendo mis representantes y, en este caso, si se esfuerzan por conseguir materiales educativos de calidad y más baratos en lugar de hacerles a ustedes más ricos, les aseguro que tienen todo mi apoyo.

Un comentario final. No deberían morder todas las manos. De los proyectos del tipo “portátiles sí, pero innovación didáctica ninguna” como el catalán Educat 1X1, y su futuro iTunes de los libros de texto, la plataforma Empúries (otras comunidades autónomas también merecen tirones de oreja, pero no es el momento), aunque no les gusten por su pretensión de bajar sustancialmente los precios de los libros de texto (digitales) deberían besar por donde pisan. Siguen creyendo que los docentes necesitamos libros de texto. Eso es muy bueno para ustedes. Aunque, si tienen que besar algún suelo, les recomiendo las moquetas de Aguirre, Camps y Valcárcel. Y no le regalen nada a Camps, por favor. Ya tiene bastantes líos.

Atentamente,

“Los editores de libros de texto acusan a las administraciones educativas de ser promotoras y cómplices de la piratería” (Partido Pirata, 7 – VI – 2010)

Hace poco mas de un año, con motivo del anuncio del plan Escuela 2.0, la Asociación Nacional de Editores de Libros y Material de Enseñanza (ANELE) calificó de intrusismo el hecho de que las administraciones públicas publicasen contenidos educativos, rechazaba la práctica del préstamo de libros por ser lesiva para los derechos de autor y denunciaba como una lacra de proporciones pavorosas las fotocopias. Recientemente ANELE y la Federación de Gremios de Editores de España han elevado el tono de sus acusaciones, llegando a acusar a las administraciones educativas de ser promotoras y cómplices de la piratería. En la presentación de un documento titulado “La situación de los contenidos digitales educativos en los países de la OCDE: perspectiva española”, llegaron a realizar una serie de afirmaciones claramente destinadas a desautorizar a las administraciones educativas para otorgar a la industria editorial un presunto liderazgo del sistema educativo.

Es falso que las autoridades administrativas favorezcan “decisiones donde se priman los nuevos soportes y herramientas digitales en detrimento de los contenidos pedagógicos”: los contenidos impartidos en los centros de enseñanza reglada son los que están regulados en los decretos curriculares de cada etapa y concretados en las programaciones realizadas en cada centro educativo. La llegada de los ordenadores a las aulas ha tenido su principal impacto en la metodología y en los soportes de información utilizados, pero no en los contenidos, objetivos ni criterios de evaluación.

Es falsa la afirmación de que “el libro de texto en su tradicional soporte papel es, y probablemente seguirá siéndolo durante muchos años, la columna vertebral de la planificación docente”: como ya se ha dicho la  programación es una concreción de los decretos curriculares a la realidad de cada centro educativo, de cada grupo y, finalmente, de cada alumno, siendo el libro de texto un recurso que puede o no ser utilizado según el profesor estime oportuno. Es el libro de texto el que debe ser elegido en función de su mejor o peor adaptación a la programación diseñada por el profesor, y no la programación la que debe adaptarse al libro de texto, como parece insinuarse, llegando incluso a prescindir del uso de libro de texto si no se encuentra uno lo suficientemente adaptado a la programación.

La afirmación de que “la libertad de cátedra es incompatible con orientaciones que impliquen un determinado enfoque didáctico por parte de los poderes públicos y con cualquier predeterminación del contenido expreso o del método de exposición de la materia que se enseña” es engañosa, puesto que la citada libertad de cátedra está limitada por una legislación educativa bastante detallada en lo relativo a objetivos, contenidos, metodología y evaluación.

Es falsa la afirmación de que “la selección y distribución con los ordenadores de unos determinados contenidos es un modo de dirigir la enseñanza y vulnera la libertad de cátedra”, puesto que la utilización de los ordenadores, y de la información a la que pueda accederse a través de ellos, es una elección del profesor, que puede utilizar los ordenadores o ignorar su presencia en el aula. Las únicas limitaciones derivadas de la informatización de las aulas han sido las ocasionadas por la necesidad de inmovilizar las mesas al suelo con el fin de conectar adecuadamente todos los equipos a una red por cable, limitación que en el futuro podría desaparecer si se opta por el uso de redes basadas en wifi.

La afirmación de que “la injerencia directa o indirecta de las administraciones en la concreción de los currículos y en la adopción de los libros de texto y materiales didácticos conculca la ley y vulnera tanto la libertad pedagógica de los profesores, como la autonomía de los centros” es improcedente, ya que todo centro diseña sus programaciones libremente, al igual que elige sus libros de texto y sus materiales didácticos, sin mas influencia externa que la ejercida por los representantes de las distintas editoriales en sus visitas a los centros educativos.

La afirmación de que las administraciones públicas no sean competentes para editar libros de texto carece totalmente de fundamento: no hay razón por la que en España una persona física o jurídica, una empresa privada o un organismo público, no puedan editar un libro. De hecho en el mismo documento se cita el “reconocimiento constitucional del derecho a la libre creación intelectual”.

La afirmación de que “la distribución gratuita y generalizada de los contenidos curriculares en soporte digital vulnera la Ley de Competencia” resulta, simplemente, demencial y en contra de toda lógica ¿Qué factor es determinante en esta presunta ilegalidad? ¿La distribución gratuita y generalizada de contenidos curriculares o el uso de formatos digitales? Si se trata de la distribución de contenidos curriculares entonces el profesor está cometiendo una ilegalidad en el momento en que sus enseñanzas salen de su boca, y si se trata del uso de soportes digitales se está condenando a todo el sistema educativo a permanecer en el siglo XX para siempre.

La afirmación de que “la instalación y distribución de los libros de texto y materiales didácticos en soporte digital con los ordenadores requiere la autorización de los titulares de los derechos” no es cierta en los casos en que dichos libros o materiales estén publicados bajo licencias libres o pertenezcan al dominio público. En Internet abunda la documentación publicada bajo licencias libres, así como software libre. También abundan los documentos y el software cuyo uso educativo sin ánimo de lucro está permitido. Finalmente la misma Ley de Propiedad Intelectual, en su artículo 32.2 dice que “No necesitará autorización del autor el profesorado de la educación reglada para realizar actos de reproducción, distribución y comunicación pública de pequeños fragmentos de obras o de obras aisladas de carácter plástico o fotográfico figurativo, excluidos los libros de texto y los manuales universitarios, cuando tales actos se hagan únicamente para la ilustración de sus actividades educativas en las aulas, en la medida justificada por la finalidad no comercial perseguida, siempre que se trate de obras ya divulgadas y, salvo en los casos en que resulte imposible, se incluyan el nombre del autor y la fuente”.

La frase “La puesta a disposición de esos contenidos gratuitamente tiene un efecto deseducador y demoledor sobre la Cultura” insiste en el carácter demencial e ilógico de este documento: no solamente afirma que la Cultura solo debe ser accesible a quien pueda pagar por ella, sino que acusa de “deseducador y demoledor de la Cultura” a toda aquella persona o institución que alguna vez haya enseñado algo a alguien sin cobrar por ello, y tacha a la mayoría de las bibliotecas de ser focos de destrucción de la cultura (ya que en ellos se hallan, a disposición del público y de forma gratuita, abundandes contenidos culturales). Internet, según esta idea, debe de ser el peor enemigo de la Cultura.

La frase “Tales prácticas convierten a las administraciones educativas en promotoras y cómplices de la piratería” es una barbaridad y un insulto a las administraciones educativas en general y a los docentes en particular.

La frase “el sector editorial se configura como el único capaz de ofertar contenidos digitales de aprendizaje variados, completos y de calidad contratada” (es de suponer que el autor quería escribir “calidad contrastada” y no “calidad contratada”) es falsa: por una parte se oculta el hecho de que también los libros de texto publicados por editoriales incluyen errores, y por otra parte se oculta el hecho de que muchos de estos libros están escritos por profesores en activo. Son los profesores los que escriben los libros para las editoriales, no las editoriales las que escriben los libros para los profesores. Los mismos profesores que escriben libros para las editoriales pueden decidir prescindir de ellas y distribuir sus obras a través de Internet, o repartir fotocopias o CD a sus alumnos directamente.

Se trata, en fin, de un desesperado intento de industrializar la enseñanza al igual que ya se ha industrializado la Cultura, arrojándonos a la ilegalidad a todos aquellos que pensamos que la Cultura debe ser un bien accesible a todos, tal y como en su día [ca. 1340] afirmó el Arcipreste de Hita cuando, al escribir sobre el tratamiento que debía darse a su obra “El Libro de Buen Amor”, compuso la primera licencia libre en lengua castellana:

Qualquier omen, que lo oya, si bien trovar sopiere,
puede más y añadir et emendar si quisiere,
ande de mano en mano a quienquier quel’ pidiere,
como pella a las dueñas tómelo quien podiere.

Pues es de buen amor, emprestadlo de grado,
non desmintades su nombre, nin dedes refertado,
non le dedes por dineros vendido nin alquilado,
ca non ha grado, nin graçias, nin buen amor complado.

19 Xuño 2010 - Posted by | "Intellectual property", Education, Politics, Propaganda, Spain

2 Comentarios »

  1. Que pataleta lles deu agora!
    Outro monopolio máis que está sendo tumbado por unha iniciativa social sen ánimo de lucro.
    E que o fenómeno wiki siga medrando e inzando máis e máis espazos!

    Comentario por Marcos | 20 Xuño 2010

  2. E que nós vivamos para velo!

    Graciñas polo comentario. Unha aperta… :-)

    Comentario por César Salgado | 21 Xuño 2010


Deixar unha resposta

introduce os teu datos ou preme nunha das iconas:

Logotipo de WordPress.com

Estás a comentar desde a túa conta de WordPress.com. Sair / Cambiar )

Twitter picture

Estás a comentar desde a túa conta de Twitter. Sair / Cambiar )

Facebook photo

Estás a comentar desde a túa conta de Facebook. Sair / Cambiar )

Google+ photo

Estás a comentar desde a túa conta de Google+. Sair / Cambiar )

Conectando a %s